¿Qué tan corruptos serán los empresarios mexicanos según el T-MEC? 

Siendo Oficial de Cumplimiento de un banco, llegó a mi escritorio la solicitud para aprobar un joint venture para una de nuestras áreas de negocio; recabé información, corrí procesos, analicé los resultados, medí los riesgos y llegué a una conclusión: no autorizar la operación ya que la investigación de Debida Diligencia que le realizamos a la contraparte arrojaba resultados preocupantes, por lo que estaríamos corriendo un riesgo innecesario. Recuerdo que se me acercó un directivo preguntándome cuánto quería por aprobar la operación. “Si lo apruebas cubro desde ahorita mi meta de ventas anuales”. También recuerdo que, tras reiterarle mi negativa, comencé a recibir amenazas.

Desentendámonos por un momento de las complejas encuestas y estudios respecto de la corrupción y hagámonos una pregunta: ¿son corruptos los hombres y mujeres de negocios en México?, y si tenemos ganas de complicar la discusión, hagamos una segunda pregunta: ¿por qué creemos que son corruptos? Estoy seguro de que la primera pregunta será contestada con facilidad. El problema vendrá con la segunda, debido a que nos obliga a razonar y ejemplificar nuestra respuesta, lo cual nos llevará a una tercera pregunta: ¿Creemos o tenemos la certeza que los empresarios en México son corruptos? 

Transparencia Internacional definió a la corrupción como “el abuso de un poder delegado para el beneficio propio” y es aquí cuando podemos entrar al fondo de todas las preguntas: los empresarios en México no necesariamente son corruptos por estar involucrados con funcionarios públicos en la comisión de delitos o por ser sujetos activos en un acto de corrupción; también pueden serlo por tener prácticas corporativas agresivas: “Necesitamos que tripliques tus ventas este semestre, tú sabrás como le haces…” 

Esto tiene una explicación, las empresas en México están acostumbradas a operar sin reglas parecidas a la Ley de Prácticas Corruptas en el Extranjero de Estados Unidos y a la Ley de Soborno del Reino Unido, por lo que no tienen directrices claras para medir su apetito por el riesgo; lo más que han hecho es crear áreas de Compliance con un discurso simplista: decirle a todos los empleados que “se porten bien” y sin incluir las estructuras básicas para garantizar el correcto funcionamiento de un programa de Gobierno Corporativo y generando la peligrosa ilusión de creer que tienen un sistema robusto.

Es evidente que esta visión le resultará muy cara a las empresas que quieran hacer negocios al amparo del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), ya que, en su Capítulo 27, los tres países acordaron promover la transparencia, el buen gobierno y el estado de derecho, así como eliminar el cohecho y la corrupción en el comercio y la inversión. Las empresas que quieran hacer negocios al amparo del T-MEC deberán acreditar que tienen programas anticorrupción que otorguen protección a denunciantes de actos de corrupción; que tienen controles internos, programas de ética y cumplimiento y medidas para prevenir y detectar cohecho y corrupción en el comercio e inversión internacionales; adoptan o mantienen controles de auditoría interna y someten su información financiera y contable a procedimientos de auditoría y certificación.

¿Qué tan corruptos son los empresarios mexicanos? bueno, tal vez ahora que intenten hacer negocios con Estados Unidos y Canadá lo sabremos. 

*Artículo originalmente publicado por el autor en la revista Forbes México en julio de 2022 

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